Un taxi Tsuru de la Ciudad de México superó el millón y medio de kilómetros con el mismo motor

15 octubre, 2026

Un taxi Tsuru de la Ciudad de México superó el millón y medio de kilómetros con el mismo motor

En una ciudad donde el tráfico nunca duerme y los topes parecen multiplicarse, un sedán japonés se ha convertido en leyenda. Un taxi con placas de la Ciudad de México rebasó los 1.5 millones de kilómetros con el mismo motor, una cifra que equivale a dar más de 37 vueltas al mundo. No es solo resistencia mecánica: es una mezcla de disciplina, piezas sencillas y una relación casi ritual entre conductor y auto.

El protagonista y su ruta cotidiana

Cada día, este Tsuru recorre avenidas como Insurgentes, Tlalpan o el Eje Central, bajo un sol inclemente o lluvias eléctricas. Entre frenadas cortas, banquetas altas y asfalto maltratado, el motor 1.6 sigue latiendo con un ralentí sereno.

“Mientras el tablero esté frío y el aceite limpio, no hay por qué parar”, cuenta el chofer con una sonrisa discreta. En jornadas de 10 a 12 horas, la constancia es el verdadero secreto, y la paciencia, un arte.

Por qué este sedán aguanta tanto

El Tsuru, basado en una plataforma B13, presume mecánica simple y piezas baratas. Sin turbos, sin inyección directa, sin capas de electrónica que puedan fallar ante el calor o la altitud de la capital, su corazón es más mecánico que digital.

La disponibilidad de refacciones y la facilidad para “meter mano” han convertido a este modelo en favorito de talleres de barrio. “Es un coche que avisa; si algo suena, lo escuchas temprano y lo previenes”, explica un mecánico de la colonia Doctores.

Mantenimiento: la religión del kilometraje

Nada aquí es casualidad: cambios de aceite puntuales, filtros originales y una vigilancia casi obsesiva del sistema de enfriamiento. La altura de la CDMX castiga la mezcla aire-combustible y eleva la temperatura de operación; ignorar eso es una receta para el desastre.

“Yo no corro; yo fluyo”, dice el taxista. Evita acelerones bruscos, anticipa el tráfico y prefiere la marcha correcta antes que forzar el motor en pendientes largas. Esa suavidad alarga la vida de pistones, cojinetes y anillos.

Lo que sí se cambió

Seguir con el mismo bloque no significa conservar todo intacto. En el camino cayeron bombas de agua, alternadores, bujías, correas y sensores que envejecen por uso. El embrague se renovó un par de veces, igual que algunos bujes y el tren delantero.

Lo notable es que el core —bloque, cigüeñal y cabeza— permanece original. Un par de servicios de rectificación ligera y calibración de válvulas a tiempo marcaron la diferencia entre morir en el taller o seguir sumando kilómetros.

Un símbolo de una ciudad en movimiento

Este sedán también cuenta una historia de oficio. La del conductor que conoce los baches de memoria, la del mecánico que diagnostica con un estetoscopio de oído y la del pasajero que confía en llegar a tiempo.

Aunque el modelo dejó de fabricarse por temas de seguridad, su huella en la movilidad chilanga es profunda. Es el eco de una era donde la simplicidad era una ventaja y donde el mantenimiento valía más que cualquier gadget.

¿Qué nos enseña a los conductores?

Más allá de la anécdota, hay lecciones prácticas que cualquiera puede aplicar para alargar la vida de su auto:

  • Cambiar aceite y filtros con frecuencia; vigilar temperatura y nivel de refrigerante; anticipar el tráfico para evitar picos de carga; usar refacciones de calidad; revisar soportes, bujes y suspensión de forma preventiva.

La aritmética de 1.5 millones

Un recorrido así implica miles de arranques, millones de detonaciones controladas y horas de ralentí en semáforos eternos. Con gasolina variable en calidad y un ambiente con polvo y altitud, el motor sobrevivió gracias a pequeñas decisiones diarias.

“Si lo tratas bien, te regresa el favor”, dice el dueño, señalando el odómetro con un orgullo tranquilo. La cifra no es un golpe de suerte, es una curva larga de buenos hábitos.

El futuro de los taxis y la nostalgia mecánica

La ciudad se mueve hacia híbridos, plataformas de app y normas de emisión más estrictas. Sin embargo, historias como esta nos recuerdan que la durabilidad también es sustentabilidad: lo que no se reemplaza, no se desecha.

Quizá pronto los motores eléctricos reescriban la resistencia urbana. Pero por ahora, en alguna base de la capital, un viejo sedán sigue arrancando cada mañana, con el mismo corazón y una voluntad terca de seguir sumando kilómetros.

Diego Hernández

Soy periodista y apasionado del mundo automotriz. Desde Morelos sigo de cerca las noticias, tendencias y cambios que afectan a los conductores, con especial interés en movilidad, tecnología y actualidad del sector en México.